Este miércoles, el Ajuntament de Palma ha tomado una decisión que no deja indiferente a nadie: iniciar la recuperación del Baluard del Príncep, un espacio municipal que se ha convertido en refugio para un grupo de personas sin hogar. La intención es clara; se busca una salida pacífica para las diez personas que habitan allí, sin necesidad de forzar un desalojo. Pero, ¿realmente es tan sencillo?
La situación actual y las alternativas
Mercedes Celeste, portavoz del equipo de gobierno, ha explicado que la Policía Local y los Servicios Sociales ya han identificado a estos residentes. Se han llevado a cabo entrevistas con ellos para entender su situación y ofrecerles opciones de alojamiento más dignas. De esta manera, se les dará un plazo de diez días para presentar alegaciones y otros diez días para abandonar el lugar si no lo hacen voluntariamente. En caso contrario, Cort podría verse obligado a solicitar una orden judicial para proceder al desalojo.
Pero Cort confía en que todo esto se resuelva antes de llegar a ese extremo. Mientras tanto, también se ha aprobado enviar un comunicado oficial al Gobierno y al Ministerio denunciando la lentitud en la reanudación de las obras en el recinto, que debieron concluir en 2022 pero quedaron paralizadas por la quiebra de la empresa constructora. Sin fecha prevista para reiniciar los trabajos, la incertidumbre reina en el aire.
A pesar del deseo de recuperar este espacio histórico sin violencia, hay voces dentro del grupo de residentes que cuentan su historia. Muchos son africanos subsaharianos que solo buscan un lugar donde pasar la noche; uno de ellos decía: «Estamos aquí porque necesitamos un techo sobre nuestras cabezas». También mencionaron las dificultades con algunos individuos problemáticos en el entorno: «Los drogadictos nos han molestado mucho y no les queremos aquí».
La pregunta queda flotando: ¿cómo resolver esta compleja situación? El Ajuntament pide más vigilancia estatal porque “poner una valla no basta”. En definitiva, entre promesas burocráticas y realidades crudas, está claro que todos merecemos un hogar seguro.