Imagina un lugar donde la vida fluye entre dos de los barrios más emblemáticos de Palma, como son el Molinar y Coll d’en Rabassa. Así nace La Gruta, un rincón que ha ido creciendo desde los años 90 hasta convertirse en un espacio residencial vibrante. Aquí, la cercanía al mar se siente en cada rincón, creando una conexión especial entre ambas zonas del litoral.
Un barrio con alma vecinal
Lo que comenzó como una simple urbanización ha evolucionado en algo mucho más grande. La Gruta ahora cuenta con todo lo necesario: farmacias, supermercados, tiendas y cafeterías. Pero lo más bonito es su tejido vecinal; la Asociación de Vecinos La Gruta-Ciudad Jardín, situada en el Casal de Son Perera, sirve de punto de encuentro para todos aquellos que quieren mejorar su comunidad. En este parque se respira vida familiar gracias a sus parques infantiles, testigos del creciente número de familias que han hecho de este lugar su hogar.
A medida que la gentrificación empieza a asomar, también hemos visto cómo nuevos vecinos llegan de otros países. Y no solo eso; la presencia de caravanistas ha aumentado notablemente durante los meses estivales. Estos viajeros convierten La Gruta en otro foco dentro del debate sobre la crisis habitacional.
Sin embargo, esta transformación no llega sin desafíos. La movilidad se complica en verano; las calles se llenan y aparcar se convierte en un verdadero desafío para todos. Los residentes han expresado su preocupación por un tramo cerrado de la calle Llucmajor que impide a los peatones transitar libremente. Un vallado molesto obliga a cruzar a la acera opuesta, aunque algunos semáforos intentan ayudar con esta incomodidad.
A pesar de estos problemas, La Gruta tiene sus ventajas: puntos para recoger residuos están bien distribuidos y Emaya trabaja constantemente para mantener el orden urbano. Además, iniciativas como BiciPalma buscan hacer más accesible esta zona con conexión al transporte público mediante varias líneas de EMT.
Poco a poco, La Gruta va tomando forma como un barrio dinámico y lleno de vida entre Coll d’en Rabassa y el Molinar. Sin duda alguna, es un lugar donde las oportunidades están al alcance y donde cada vecino tiene voz para hacer oír sus necesidades.