En el corazón de Palma, donde las vistas son de ensueño, se esconde una historia que pocos quieren ver. El Baluard del Príncep, ese monumento histórico del siglo XVI que debería ser un símbolo de orgullo, se ha convertido en refugio para aquellos que han sido olvidados por la sociedad. La crisis habitacional ha llevado a muchas personas a okupar espacios como este, transformando lo que debería ser un lugar cultural en un punto crítico de la realidad social.
La lucha diaria de quienes no tienen hogar
Aquí, rodeados de murallas que han visto pasar siglos, hay quienes buscan simplemente un poco de dignidad. Muchos son subsaharianos, con historias duras a cuestas y una sola necesidad: un techo bajo el cual sentirse seguros. «Es mejor estar aquí que en la calle», comenta uno de ellos mientras nos muestra su pequeño rincón. Con una estatura imponente y una mirada cansada pero firme, asegura que no están allí por gusto: «No queremos líos ni problemas; solo queremos vivir en paz».
Pero las cosas no son tan sencillas. Las obras para reformar este espacio emblemático están paradas desde hace tiempo debido a la quiebra de la constructora. El lugar se presenta lleno de suciedad y abandono, con grafitis y ratas merodeando entre los restos de material de construcción abandonado. A pesar del panorama desolador, estos hombres intentan mantener cierto orden en su hogar improvisado.
No cuentan con electricidad; los ladrones han hecho su trabajo y se han llevado todo lo útil. Sin embargo, luchan por adaptarse a las circunstancias: tienen acceso al agua potable y se organizan para tener sus espacios delimitados en medio del caos. En un mundo donde los turistas miran desde sus lujosos hoteles hacia esta realidad dura e injusta, ellos hacen frente a cada día con valentía.
Pese a las intervenciones del Ayuntamiento para limpiar y despejar estas áreas insalubres, el problema persiste como una sombra sobre uno de los lugares más codiciados por los visitantes. Este escenario triste es solo un recordatorio más de que detrás de cada vista espectacular puede haber historias desgarradoras que merecen ser contadas.