En el corazón del laberinto que es el Call Major de Ciutat, encontramos un lugar que, aunque a menudo pasa desapercibido, guarda entre sus piedras una historia conmovedora. Hablamos de la calle de la Torre de l’Amor, un espacio que resuena con ecos de un amor prohibido y lleno de pasión, perfecto para recordar en este 14 de febrero.
Retrocedamos a la Palma del siglo XIV, donde cristianos, judíos y musulmanes convivían en una mezcla cultural fascinante. En este escenario vivían dos hombres adinerados: Moshé Faquim y Magaluf Natjar. Ambos eran poderosos, pero llevaban vidas muy diferentes; mientras Faquim disfrutaba de su soltería, Natjar estaba casado con una mujer cuya belleza deslumbraba a todos.
Un amor que desafió al destino
La leyenda nos cuenta que Faquim se enamoró locamente de la esposa de Natjar. Esta relación clandestina lo llevó a construir una alta torre en su hogar, desde donde podía espiar a su amada. La torre no solo simbolizaba su anhelo inalcanzable sino que también avivó una enemistad feroz entre los dos hombres. Humillado y lleno de rabia, Natjar fue directo al rey Pere IV para exigir que derribara esa torre intrusa. Y así fue: el monarca accedió a su demanda, dejando atrás solo los recuerdos del fervoroso romance.
Aunque esta es la versión más conocida, hay quienes aseguran que fue la mujer quien se dejó llevar por sus sentimientos hacia Faquim. Este escarceo provocó un verdadero revuelo en su comunidad judía. En un acto desesperado por estar cerca de ella, Faquim erigió la torre como símbolo del amor imposible.
A día de hoy, aunque la torre ya no existe y muchos ignoran esta historia profunda y trágica, la calle sigue siendo un testigo silencioso del pasado. Con su encanto pintoresco y tranquilo en pleno centro palmesano, invita a todos a descubrir las historias ocultas tras cada piedra.