El 9 de febrero de 2025, Xisco Alario se adentra en las calles de Palma con una cámara y una idea en mente: capturar esos momentos que, a menudo, se nos escapan. Vivir en esta ciudad, donde la multitud parece devorar cada rincón y los paisajes urbanos son casi como fantasmas, puede resultar frustrante. Sin embargo, hay algo mágico en esas pocas mañanas donde el sol apenas asoma y la calma es palpable.
Un instante robado al bullicio
Cuando logro madrugar y salir a pasear por las calles semi-desiertas, siento que tengo una pequeña victoria. Cada foto que tomo se convierte en un reflejo no solo del paisaje, sino también de esa lucha constante entre lo urbano y lo natural. En Palma, el ruido nunca cesa del todo; siempre hay alguien construyendo o desmantelando sueños. Pero esos instantes en los que puedo capturar la esencia pura de la ciudad son mi tesoro más valioso.
La realidad nos grita que estamos rodeados por un monocultivo turístico, donde los auténticos espacios locales parecen estar tirados a la basura mientras miramos hacia otro lado. Desde el bar emblemático Alberca hasta el café A Tres Bandas, lugares que han marcado nuestra cultura están desapareciendo uno tras otro. Y nosotros seguimos mirando, preocupados por nuestras propias batallas diarias.
Palmando imágenes fugaces entre marchas y manifestaciones, me doy cuenta de que estas instantáneas cuentan historias; historias sobre cómo hemos llegado aquí y hacia dónde vamos. Así es como quiero compartir mi visión: conectando con todos ustedes desde este rincón del mundo lleno de contrastes.