Un grupo de aproximadamente 50 residentes de Son Cladera se congregó esta mañana frente a la sede principal de La Caixa en Palma, demandando la reapertura de la única oficina bancaria que operaba en su barriada. Esta oficina fue cerrada hace más de seis meses, obligando a los vecinos a desplazarse a otros barrios, como Son Fuster o s’Indioteria, para llevar a cabo gestiones bancarias.
Una necesidad urgente para los vecinos
Los habitantes de Son Cladera, estimados en unas 10.000 personas, enfrentan grandes dificultades, especialmente los mayores, quienes sufren problemas de movilidad y encuentran complicado recorrer alrededor de medio kilómetro para acceder a una oficina bancaria. Durante la protesta, los manifestantes mostraron pancartas y repartieron panfletos exigiendo no solo un cajero automático en su barrio, sino la reapertura de la oficina cerrada.
Juan Sánchez, portavoz del grupo de vecinos, enfatizó que la ausencia de la oficina bancaria no es una cuestión trivial, sino una necesidad vital. “Son Cladera tiene una población que requiere atención personalizada para sus operaciones financieras, y la situación actual es insostenible”, afirmó.
Ante el cierre, los residentes iniciaron una campaña de recogida de firmas, obteniendo más de 1.000 apoyos que fueron entregados a la entidad bancaria el pasado octubre. La respuesta de La Caixa, que defendía la decisión de cerrar la oficina al considerar que había suficientes alternativas cercanas, no fue bien recibida por los vecinos, quienes denunciaron que sus necesidades no fueron consideradas adecuadamente.
Los manifestantes señalaron que el compromiso de la entidad se queda corto, ya que el traslado a un cajero automático en Son Fuster implica un recorrido de más de 20 minutos a pie, lo que se traduce en un gran esfuerzo físico para muchos mayores. La única opción que tienen es depender de familiares que los lleven en coche.
Desde La Caixa se ha argumentado que la entidad posee varias oficinas en la cercanía de Son Cladera, incluyendo ubicaciones con horarios extendidos, lo que ha generado escepticismo entre los residentes, quienes sostienen que la facilidad de acceso es fundamental, especialmente para la población más vulnerable.
Los vecinos han decidido continuar con sus protestas hasta obtener una respuesta satisfactoria que contemple sus necesidades. La situación en Son Cladera refleja un problema mayor que afecta a múltiples zonas de Palma y de la isla, donde el cierre de oficinas bancarias se ha vuelto una realidad preocupante para muchos residentes.