En el corazón del Congreso, donde deberían debatirse cuestiones de peso, el líder de la oposición se enfrenta al presidente Sánchez en una charla que podría cambiar el rumbo de nuestra seguridad. Pero, ¿qué encontramos realmente en este escenario? A pesar del clamor internacional y la incertidumbre geopolítica que nos rodea, lo que predominó fueron más las peleas internas que un análisis serio sobre cómo protegernos.
Pedro Sánchez se comprometió a elevar el gasto militar hasta alcanzar el 2 % del PIB y a poner en marcha un ambicioso plan industrial destinado a canalizar estas inversiones. Sin embargo, cuando miramos alrededor, solo PNV y Junts han salido a respaldar estas propuestas. La realidad es que muchos ignoran lo urgente de la situación mientras Europa avanza decidida hacia la inversión en defensa.
Un debate más propio de un teatro
Durante casi seis horas, el enfrentamiento entre Sánchez y Alberto Núñez Feijóo (PP) llegó a niveles insostenibles. Las acusaciones volaron como cuchillos, desviando toda atención del tema central: nuestra seguridad. «La política se le queda grande», le espetó Sánchez al líder popular. Y mientras tanto, Feijóo respondía con ironía sugiriendo que su oponente necesitaba un “kit de supervivencia”, como si esto fuera un juego.
Pero fuera de nuestras fronteras, los acontecimientos no se detienen. Rusia ha confirmado encuentros diplomáticos con Corea del Norte; Kim Jong Un está por visitar Moscú y Lavrov tiene planeado ir a Pyongyang. Esto ocurre justo después de que Shoigú agradeciera al régimen norcoreano su apoyo durante la invasión de Ucrania. Todo esto nos hace preguntarnos: ¿realmente estamos preparados?
A medida que avanza esta danza entre potencias globales, Trump vuelve a hacer ruido sobre Groenlandia, llamándola esencial para la seguridad internacional. Su insinuación sobre una posible anexión ha levantado ampollas y Dinamarca no ha tardado en responder con contundencia: no vamos a permitirlo.
Mientras todo esto sucede, aquí en España seguimos debatiendo sobre cómo aumentar nuestro gasto militar sin lograr consensos claros. Este incremento hasta llegar al 2 % implicaría pasar de unos 13 mil millones a cerca de 26 mil millones; un esfuerzo económico considerable que muchos ven con recelo.
Pese a que algunos defienden esta medida como necesaria para garantizar nuestra paz y seguridad—y aseguran que no afectará el gasto social—la resistencia es palpable entre varios grupos parlamentarios con posturas antimilitaristas muy arraigadas. La fragmentación política complica aún más una estrategia coherente justo cuando necesitamos ser firmes.
Sánchez quiere transformar este reto en una oportunidad para fortalecer nuestra industria vinculada a la defensa—aquel sector que genera cientos de miles de empleos—pero ahora mismo parece más un deseo lejano frente al caos político interno.