MADRID, 13 de abril. En un giro inesperado de los acontecimientos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido hacer una declaración contundente este lunes. Ha amenazado con «eliminar» cualquier embarcación de la Armada iraní que se atreva a desafiar el bloqueo impuesto por Washington en el estrecho de Ormuz. Y lo ha hecho con palabras claras: si uno de esos barcos se acerca al cerco establecido, será eliminado al instante.
El mandatario no se anda con rodeos y promete usar tácticas similares a las que emplean contra los narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico. “Es rápido y brutal”, dice Trump en sus redes sociales, dejando claro que no está dispuesto a permitir ninguna violación de su autoridad marítima. Aunque asegura que la Armada iraní ya ha sido «completamente destruida», reconoce que aún quedan algunos «buques de ataque rápido» que pueden ser un problema.
Las consecuencias del bloqueo
La situación es tensa y cada palabra cuenta. Asegura también que sus métodos han sido efectivos: “El 98% del tráfico de drogas que llega a nuestras costas ha sido detenido”, añade orgulloso. Pero las aguas del estrecho no están tranquilas; hoy mismo, el Centro de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO) ha confirmado recibir información sobre nuevas «restricciones» aplicadas a puertos iraníes tras el bloqueo ordenado por Trump después de unas conversaciones fallidas en Pakistán para calmar las tensiones con Teherán.
No podemos ignorar cómo estas decisiones impactan no solo en la geopolítica global, sino también en la vida cotidiana y la percepción colectiva. Mientras tanto, Qatar ha anunciado la reanudación del tráfico marítimo a partir del próximo domingo, lo que añade una capa más al ya complicado panorama regional.

