El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, se muestra optimista ante las elecciones legislativas que tendrán lugar este domingo. En un ambiente lleno de tensión y expectativa, el líder del partido Fidesz ha prometido una «victoria que sorprenderá a todos», incluso a sus propios seguidores. Las encuestas, sin embargo, sugieren que su mandato de 16 años podría estar llegando a su fin.
Un llamado a la acción
Durante su último acto de campaña en el distrito del Castillo de Buda, Orbán hizo un ferviente llamado a la «mayoría silenciosa». «Si cada uno de nosotros que ama a Hungría va y vota, llevándose a otros consigo, podríamos alcanzar tres millones de votos», dijo con determinación. Y como es habitual en él, no se olvidó de dirigirse a los jóvenes: «Si quieren rebelarse, háganlo junto a nosotros contra los globalistas», les instó. Además, les prometió subsidios para la vivienda y exenciones fiscales hasta los 25 años para atraerlos hacia las urnas.
El discurso del primer ministro giró en torno a la idea de preservar la paz en medio de crecientes presiones internacionales para apoyar a Ucrania frente a Rusia. Aseguró con firmeza: «No vamos a darles nuestro dinero ni nuestras armas» y subrayó que Hungría se mantendría como «el país más seguro de Europa» tras estas elecciones.
Por otro lado, el opositor Péter Magyar también ha tomado protagonismo al prometer recuperar la patria húngara bajo su partido Respeto y Libertad (Tisza). Con un mensaje esperanzador desde Debrecen, destacó que están listos para “ratificar” decisiones pasadas sobre la adhesión a la UE y anhelan un futuro donde todos puedan ondear orgullosamente la bandera húngara.
La tensión entre estos dos líderes promete hacer vibrar al país entero este domingo. Mientras Orbán aboga por una narrativa nacionalista ferozmente defensiva, Magyar promete reconciliación y paz; ambos saben que lo que está en juego es más que una simple elección: es el rumbo futuro de Hungría.

