En un clima de tensión creciente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro que si las conversaciones en Islamabad no rinden frutos en menos de 24 horas, no dudará en reanudar los ataques contra Irán. Mientras sus barcos de guerra se preparan con lo que él mismo califica como «las mejores armas jamás creadas», Trump no oculta su determinación: «Si no hay acuerdo, las utilizaremos con eficacia», advierte.
Un juego peligroso
Con el vicepresidente JD Vance ya en camino a Pakistán y el futuro del diálogo pendiendo de un hilo, Trump ha hecho estas declaraciones en una entrevista al ‘New York Post’. La presión sobre Irán es palpable. El mandatario estadounidense sostiene que Teherán tiene una carta bajo la manga: su control sobre el estratégico estrecho de Ormuz. Sin embargo, no se corta a la hora de afirmar que los iraníes están más ocupados creando noticias falsas que luchando realmente.
Por otro lado, desde Irán llega un mensaje desconcertante. Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní y uno de los negociadores clave, ha condicionado cualquier conversación al levantamiento previo de sanciones por parte de EE.UU. y al establecimiento de una tregua en Líbano. En sus palabras, ambos temas deben resolverse antes incluso de empezar a hablar.
Así estamos: dos naciones al borde del abismo mientras cada hora cuenta. Con cada decisión tomada o evitada se siente el peso del mundo sobre nuestros hombros. ¿Podrán encontrar un camino hacia la paz o estamos condenados a repetir los errores del pasado?

