En un nuevo episodio de la saga política que nos tiene a todos pendientes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro este miércoles que los diez puntos de la propuesta iraní para poner fin al conflicto son, según él, un auténtico bulo. A través de sus redes sociales, el inquilino de la Casa Blanca se lanzó contra medios como el decadente ‘The New York Times’ y CNN, asegurando que estaban alimentando rumores sin fundamento sobre este decálogo elaborado por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán.
Desacreditando propuestas y buscando verdades
Trump no se anduvo con rodeos y afirmó que estas ideas solo buscan desacreditar a quienes están involucrados en las negociaciones. Parece una jugada maestra para desviar la atención, sobre todo cuando durante las últimas horas trató de desvincular esta propuesta del documento que él mismo había calificado como una base viable para negociar.
A esto se suma lo dicho por el vicepresidente JD Vance. Según él, Washington recibió primero un decálogo “que probablemente fue redactado por ChatGPT” y que fue rápidamente rechazado. Pero ahí no acaba la cosa; después llegó una segunda propuesta “mucho más razonable”, justo la a la que hacía referencia Trump días atrás. Y por si fuera poco, Vance incluso vio en redes un tercer documento “aún más radical” presentado por alguien a quien apenas conocen en Irán.
No solo eso: Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, también arremetió contra las posibilidades de aceptar cualquier tipo de lista proveniente del régimen iraní. Dijo sin tapujos que esa idea es totalmente absurda y destacó que lo aceptado era “más razonable y completamente diferente”. Sin embargo, hay algo irrefutable: ese documento descartado como falso proviene nada menos que del Consejo Superior de Seguridad Nacional iraní.
Dicho consejo está compuesto por figuras clave como el presidente del país y otros altos mandos del ejército. Así las cosas, parece claro que estamos ante un tira y afloja entre potencias donde cada palabra cuenta y donde los intereses políticos juegan un papel crucial. ¿Quién realmente tiene razón? La respuesta puede estar más allá del ruido mediático.

