El escenario en Líbano es desolador. Este jueves, el Ministerio de Sanidad ha elevado la cifra de muertos a más de 300, con aproximadamente 1.100 heridos tras la brutal ola de bombardeos lanzada por Israel. Y lo peor, esto ocurre justo cuando se había alcanzado una tregua temporal entre Estados Unidos e Irán que prometía un respiro.
A partir del 2 de marzo, cuando Hezbolá e Israel reanudaron su ofensiva, el número total de víctimas mortales se eleva a cerca de 2.000. La situación es dramática y aún hay muchos equipos de emergencias trabajando para evaluar el alcance real de la catástrofe.
Un grito desesperado por paz
Ante esta escalofriante realidad, el Gobierno libanés no ha dudado en presentar una queja ante el Consejo de Seguridad de la ONU, denunciando una “escalada peligrosa” en la violencia que azota especialmente Beirut. En un acto desesperado por proteger a su gente, el Ejército israelí ha instado a varios residentes del sur de la capital a evacuar sus hogares.
Por si fuera poco, Benjamin Netanyahu ha hecho saber que están en conversaciones directas con Líbano para buscar una “relación pacífica” y trabajar juntos para desmantelar a Hezbolá. Pero aquí es donde surgen las dudas: ¿cómo puede haber paz cuando los bombardeos continúan?
La frágil tregua alcanzada hace unos días parece un espejismo mientras Teherán advierte que estas negociaciones son inútiles si siguen los ataques. Es un ciclo sin fin que deja claro lo complicado del camino hacia una solución duradera.

