En una jornada tensa y llena de incertidumbre, Estados Unidos ha lanzado ataques aéreos sobre la isla de Jark, un punto clave en la exportación del crudo iraní. Todo esto sucede justo cuando el presidente Donald Trump ha dado un ultimátum a Irán para que acepte un acuerdo que ponga fin a las hostilidades y permita reabrir el estrecho de Ormuz.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, quien se encontraba en Budapest apoyando al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no ha podido evitar referirse a esta escalada militar. En sus declaraciones, dejó claro que estos ataques no suponen un cambio radical en la estrategia estadounidense. Sin embargo, reveló haber mantenido conversaciones con altos mandos militares como el secretario de Defensa y el jefe del Estado Mayor.
Un ataque calculado con consecuencias inciertas
“Íbamos a atacar algunos objetivos militares en la isla de Jark. Creo que lo hemos hecho”, comentó Vance con una mezcla de determinación y frialdad. Aunque los ataques se han llevado a cabo, él mismo desmintió que esto altere los planes respecto a Irán, que tiene menos de 12 horas para responder al ultimátum lanzado desde Washington.
No es la primera vez que Jark está bajo fuego; ya había sido atacada por fuerzas estadounidenses hace unas semanas. En aquella ocasión, el Ejército golpeó numerosos objetivos militares, asegurando al mismo tiempo proteger la infraestructura petrolera local. Las cosas están muy tensas y las palabras del presidente iraní llamando a su población a formar “cadenas humanas” alrededor de instalaciones energéticas son prueba del clima desesperado que se vive.
Mientras tanto, Trump continúa haciendo ruido y amenaza incluso con encarcelar al periodista que destapó la desaparición de un militar estadounidense en Irán. La situación es compleja y cada movimiento cuenta: ¿qué pasará si no hay acuerdo?

