La situación en Sudán se ha vuelto aún más desoladora. La ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) ha dado la voz de alarma tras el ataque a un hospital en el estado de Nilo Blanco, que ha cobrado la vida de al menos diez personas. De ellas, siete eran valientes miembros del personal sanitario que dedicaban su esfuerzo a cuidar de los demás. ¿Qué clase de mundo es este donde la atención médica se convierte en blanco?
Una agresión inadmisible
Esperanza Santos, responsable de emergencias para MSF, no se contiene al describir lo sucedido: «Este ataque fue directo al corazón mismo de la atención sanitaria». Y con razón, porque dos proyectiles impactaron en el quirófano y el área de maternidad del hospital Al Jabalain. Es desgarrador pensar que durante una campaña de vacunación infantil, donde las esperanzas se renuevan, suceda algo tan cruel.
Santos ha expresado su más sentido pésame a las familias afectadas. ¿Cómo consolar a aquellos que han perdido amigos y compañeros? La respuesta parece inalcanzable. MSF ha hecho lo posible por ayudar en medio del caos: «Suministramos combustible para cuatro ambulancias del Ministerio de Salud» para trasladar a los heridos hasta Kosti, distantes 80 kilómetros.
Esta tragedia no es un caso aislado. Apenas hace unos días, otro ataque dejó más de setenta muertos en Darfur Este; una cifra que incluye a quince niños. El clamor por justicia resuena: «Condenamos estos ataques repetidos contra la atención sanitaria», subraya Santos con firmeza. Los centros médicos y su personal deberían ser sagrados y protegidos siempre.
A medida que avanza este conflicto civil desde abril de 2023, cada día trae consigo un nuevo capítulo sombrío marcado por el sufrimiento humano. Millones han sido desplazados y las enfermedades amenazan con propagarse debido a la devastación de infraestructuras críticas.

