El escenario se vuelve tenso en el ámbito de la salud. La Administración Trump ha lanzado un anuncio que no deja indiferente a nadie: aranceles del 100% sobre la importación de medicamentos patentados. Sí, has leído bien, ¡el cien por cien! Esta medida comenzará a aplicarse en unos cuatro meses para los pequeños fabricantes y medio año más tarde para las grandes compañías.
La noticia llegó como un jarro de agua fría, especialmente para aquellos que dependen de estos tratamientos. Hasta ahora, estos productos estaban sujetos a una tasa bastante más llevadera del 15% si provenían de la Unión Europea. Pero esta nueva estrategia apunta a medicinas fabricadas en países sin acuerdos arancelarios con EEUU, algo que podría complicar aún más el acceso a tratamientos necesarios.
Un juego arriesgado
A partir de ahora, los fabricantes que se comprometan a mantener parte de su producción dentro de Estados Unidos podrán ver sus productos gravados con una tasa reducida al 20%. Y si logran firmar acuerdos especiales, podrían incluso quedar exentos. Pero… ¿realmente esto aliviará el impacto? La pregunta queda en el aire mientras muchos temen que estas medidas tiren por la borda años de trabajo y colaboración internacional.
Este movimiento llega tras amenazas previas del presidente sobre imponer tasas prohibitivas a las empresas farmacéuticas si no trasladan sus fábricas al país norteamericano. Y aunque hay excepciones que podrían suavizar este golpe, el miedo ya está instalado entre quienes dependen de estos tratamientos vitales.

