MADRID, 1 Abr. (EUROPA PRESS) – Este martes, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, se sentó frente a los periodistas desde el Despacho Oval y soltó una bomba: la guerra en Irán concluirá en apenas dos o tres semanas. Con una mezcla de confianza y determinación, afirmó que su objetivo principal –que Teherán no posea armas nucleares– ya estaba cumplido. Y lo hizo con un tono casi triunfal.
“Hemos logrado un cambio de régimen”, reconoció Trump. Aunque parezca que esto era parte del plan, él mismo admitió que no era su intención inicial. Pero ahora, con la mirada puesta en un “nuevo régimen” que ha calificado como “mucho más razonable”, parece estar convencido de que están haciendo lo correcto. “No podrán fabricar un arma nuclear en años”, insistió mientras lanzaba críticas hacia los líderes iraníes a quienes tildó de “muy radicalizados”.
Un futuro incierto pero esperanzador
A pesar de sus palabras duras, Trump también mostró un cambio de actitud respecto al nuevo liderazgo iraní. En su opinión, son mucho más comprensivos y están dispuestos a llegar a acuerdos. “Quieren negociar más que yo”, subrayó el magnate estadounidense.
Sin embargo, el tema del estrecho de Ormuz sigue siendo complicado. Después de lanzar amenazas sobre destruir infraestructuras clave si Irán no abría las rutas marítimas estratégicas, esta vez adoptó un tono diferente: “Si Francia o cualquier otro país necesita petróleo o gas, que se las arreglen solos”. Parece claro que cada uno debe buscar su camino y Estados Unidos tiene otras prioridades.
La situación del precio del petróleo también fue objeto de conversación; alcanzando cifras elevadas como 4 dólares el galón (0,91 euros el litro), Trump intentó tranquilizar al pueblo estadounidense asegurando: “Una vez nos vayamos de Irán, los precios caerán”. Una promesa que solo el tiempo dirá si se cumplirá.

