MADRID, 30 Mar. (EUROPA PRESS) – En una escalada que preocupa a la comunidad internacional, el Ejército de Israel ha lanzado recientemente ataques nocturnos contra instalaciones de fabricación de armamento en Teherán, la capital iraní. Esta ofensiva se enmarca dentro de una estrategia conjunta con Estados Unidos que comenzó a finales de febrero y que parece no tener fin a la vista.
En un comunicado, las Fuerzas Armadas israelíes han declarado que en los últimos dos días han atacado alrededor de 40 instalaciones dedicadas a la producción y desarrollo de armamento. La Fuerza Aérea, respaldada por la Dirección de Inteligencia, completó anoche una serie de bombardeos que lanzó más de 80 proyectiles sobre objetivos estratégicos en Teherán.
Un ataque calculado y devastador
Las autoridades israelíes han señalado que entre los lugares alcanzados se encontraban instalaciones donde se ensamblan misiles antiaéreos, considerados como una grave amenaza para sus operaciones aéreas. También fueron atacados complejos destinados a la producción de componentes vitales para misiles antitanque y motores para misiles balísticos. Todo esto apunta a un esfuerzo claro: desmantelar las capacidades bélicas del régimen iraní acumuladas durante años.
Las consecuencias son devastadoras; Irán ha confirmado más de 1.500 muertos, incluyendo figuras clave como el ayatolá Alí Jamenei y otros altos mandos del ejército. Mientras tanto, otros 27 países se suman a una declaración internacional buscando abrir el estrecho de Ormuz ante esta creciente tensión.
A medida que estas acciones continúan, también surgen nuevas preocupaciones: España ha cerrado su espacio aéreo para los aviones involucrados en este conflicto y un profesor en Mallorca ha sido víctima de un ataque homófobo por parte de alumnos, lo que refleja el clima tenso y polarizado que estamos viviendo.

