Desde el pasado 28 de febrero, un oscuro capítulo ha comenzado a escribirse en Oriente Próximo, donde la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano está dejando huellas devastadoras en la infancia. Más de 2.100 niños y niñas han resultado heridos o han perdido la vida, con cifras desgarradoras que reflejan una media aterradora de 87 menores afectados cada día. Esto se traduce en casi cuatro pequeños por hora, como denuncia Ted Chaiban, director ejecutivo adjunto de UNICEF.
Un precio devastador para los más vulnerables
“Los niños y niñas de toda la región están pagando un precio devastador”, asegura Chaiban. La alarma es clara: si esta escalada continúa, las consecuencias serán catastróficas para millones más. Las imágenes son desoladoras: miles de familias han tenido que dejar sus hogares ante los incesantes bombardeos, vaciando comunidades enteras. En Irán, unos 3,2 millones de personas se encuentran desplazadas; entre ellas hay aproximadamente 864.000 niños. Por su parte, Líbano no se queda atrás: más de un millón de personas se ven obligadas a buscar refugio en escuelas y edificios públicos.
A todo esto se suma el drama humano que viven los ya afectados; miles han dejado atrás todo lo que conocían y amado, buscando seguridad en medio del caos. Antes del inicio del conflicto, alrededor de 44,8 millones de niños ya vivían en zonas azotadas por la guerra. Ahora, las cicatrices emocionales y físicas perdurarán durante generaciones.
A medida que avanzamos por este panorama desolador, es evidente que los servicios esenciales están colapsando. Las escuelas y hospitales —los pilares fundamentales para el desarrollo infantil— han sido dañados o destruidos. “Las cadenas de suministro están interrumpidas”, advierte UNICEF con preocupación.
No podemos mirar hacia otro lado mientras António Guterres, secretario general de la ONU, clama por un alto al fuego inmediato y una protección genuina para la población civil. “Las escuelas no son objetivos. Los hospitales no son objetivos”, subraya con firmeza UNICEF.
Aunque las agencias internacionales están movilizándose ante esta crisis humanitaria alarmante, hay una falta urgente de financiación del 86%. Es imperativo conseguir apoyo económico urgente para mantener estos servicios vitales mientras instamos a todas las partes a poner fin a esta barbarie.

