En un nuevo episodio que deja sin palabras, un grupo de colonos israelíes se ha lanzado este martes a asaltar una escuela en las afueras de la ciudad cisjordana de Tubas. Este ataque, que no es más que otro capítulo triste en una historia repleta de violencia, ocurre justo cuando parece que los asaltos van en aumento. Afortunadamente, hasta ahora no se reportan víctimas, pero eso no quita el dolor que causan estos actos.
El director de Educación local, Azmi Balauné, ha compartido la cruda realidad: los colonos han dejado su huella destructiva en la escuela Al Malé, dañando las redes de agua y electricidad e incluso robando materiales. Esta escuela es un refugio para estudiantes de comunidades beduinas en el norte del valle del Jordán y ha sufrido vandalismo por parte de colonos durante meses. Sin embargo, este último ataque se alza como uno de los más graves.
Una condena necesaria pero insuficiente
La reacción del Gobierno palestino no se ha hecho esperar; condenó con firmeza el incremento de estas agresiones y arremetió contra lo que consideran una peligrosa “coordinación” entre las milicias coloniales y las fuerzas israelíes. Y es que estos incidentes son parte de una estrategia deliberada para perpetuar una guerra genocida contra el pueblo palestino. La situación se vuelve insostenible; desde el 7 de octubre pasado hemos visto un repunte alarmante en estos ataques.
A esto hay que sumar cifras escalofriantes: más de 36.000 palestinos han tenido que abandonar sus hogares en tan solo un año debido a la creciente violencia ejercida tanto por las fuerzas israelíes como por los colonos. El miedo a una posible limpieza étnica se hace cada vez más palpable entre los residentes, mientras organizaciones internacionales como la ONU levantan su voz ante esta brutalidad.

