Este viernes, en una de esas declaraciones que nos dejan a todos con la boca abierta, Donald Trump salió a defender su postura sobre el conflicto con Irán. Para él, alcanzar un alto el fuego es algo que no le interesa en absoluto. En sus propias palabras, Estados Unidos está «arrasando» al país asiático, y no piensa parar. Ya van más de 20 días de ofensiva junto a Israel, y parece que la idea de sentarse a dialogar se queda lejos.
“Podemos dialogar”, dice Trump, “pero no quiero un alto el fuego”. Es como si estuviese diciendo que la guerra está bien mientras se gane. Y claro, ante preguntas sobre si enviará más tropas al Oriente Próximo, el presidente se ha mostrado muy seguro: «tengo muchas tropas y munición ilimitada». No parece tener dudas sobre lo que está haciendo: «estamos diezmando a Irán», aseguró sin titubear.
Una relación dañada
No solo eso, también ha lanzado críticas hacia Reino Unido por su tardía respuesta en este asunto. “Deberían haber actuado mucho más rápido”, afirmó sorprendido por la falta de acción de sus aliados británicos. Pero esa no fue la única carga contra sus compañeros en la OTAN; los tildó de “cobardes” por no apoyar a EE.UU. en mantener la navegación en el estrecho de Ormuz, afirmando que esta alianza se convierte en un “tigre de papel” sin Washington al mando.
Aún hay más: Trump también ha defendido que reabrir el estrecho es una tarea sencilla, aunque con necesidad urgente de ayuda internacional. La cosa es clara: si sus aliados europeos no actúan pronto, las palabras del senador Lindsey Graham resonarán aún más fuerte sobre reconsiderar la presencia militar estadounidense en España y Alemania.
En medio de todo esto, Irán sigue mostrando su fuerza al reivindicar ataques contra buques en Ormuz como respuesta a esta ofensiva brutal. Mientras tanto, nosotros seguimos mirando cómo las decisiones tomadas desde una oficina impactan vidas y relaciones internacionales tan frágiles.

