En un giro que no sorprende a nadie, el Gobierno de Estados Unidos ha decidido dar el visto bueno a unas «posibles» ventas de armamento a Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Y es que hablamos de una cifra que supera los 15.000 millones de dólares, justo cuando la tensión en Oriente Próximo se encuentra por las nubes tras la reciente ofensiva contra Irán junto a Israel.
El Departamento de Estado ha puesto sobre la mesa una propuesta que incluye radares para defensa aérea y sistemas antimisiles para Kuwait, valorados en unos 8.000 millones de dólares (casi 6.900 millones de euros). Marco Rubio, secretario de Estado, justifica esta jugada alegando que hay una «emergencia» que exige actuar rápido para proteger los intereses estadounidenses.
Cadenas de decisiones peligrosas
Rubio afirma sin titubear que esta venta «respaldará los objetivos de política exterior y seguridad nacional», mejorando así la seguridad de un aliado clave en la región. Pero, ¿realmente creemos que esto traerá estabilidad? La realidad es más compleja. También se ha autorizado una transacción similar con los Emiratos Árabes Unidos por 2.100 millones de dólares (1.816 millones de euros) y otra más pequeña para Jordania por unos 70,5 millones (casi 61 millones).
Aunque desde el Departamento aseguran que estas operaciones no afectarán negativamente su capacidad defensiva, lo cierto es que llegan justo después de una serie de ataques iraníes a infraestructuras energéticas en el Golfo Pérsico. Esto solo agrava un conflicto que ya lleva 20 días dándose caña.
Mientras tanto, Estados Unidos muestra disposición a abrir diálogos militares con Rusia sobre temas nucleares, como si fuera pan comido en medio del caos actual. Es evidente: estamos ante un juego peligroso donde las decisiones pueden llevarnos por caminos oscuros.

