La tensión sigue escalando en el estrecho de Ormuz. El Ejército de Estados Unidos ha lanzado bombas antibúnker, pesadas como un camión, contra supuestas instalaciones de misiles iraníes. Todo esto en el marco de una operación que comenzó a finales de febrero junto a Israel y que ya está dejando huellas profundas.
Desde el Mando Central de EEUU (CENTCOM) afirman que estos ataques son necesarios para neutralizar lo que ellos consideran una amenaza: misiles de crucero antibuque listos para ser usados y que ponen en jaque la navegación internacional. Aunque no han dado muchos detalles sobre las consecuencias de estos bombardeos, parece que estamos hablando de municiones GBU-72, capaces de penetrar estructuras reforzadas.
Un conflicto con un alto coste humano
Sin embargo, la situación es aún más compleja. La Guardia Revolucionaria iraní ha respondido con fuerza, atacando varios buques en la misma zona. Y mientras tanto, los números no dejan lugar a dudas: más de 1.200 muertos según las autoridades iraníes por la ofensiva conjunta entre Israel y Estados Unidos. Pero otras organizaciones elevan esa cifra a más de 3.000, señalando que muchos son civiles atrapados en este fuego cruzado.
Entre los fallecidos se encuentran figuras clave del régimen iraní, lo que añade un componente aún más delicado a esta crisis geopolítica. Cada día nos encontramos con nuevos titulares sobre este conflicto y cada uno deja una pregunta flotando en el aire: ¿hasta dónde llegaremos?

