MADRID 12 Mar. (EUROPA PRESS) – Este miércoles, el Ministerio de Interior de Bahréin ha lanzado un grito de alarma tras los ataques aéreos iraníes que han golpeado tanques de combustible en la gobernación de Al Muharraq, una zona clave en el noreste del país. Todo esto ocurre en medio de una creciente tensión, fruto del conflicto que se ha encendido después de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán.
En este contexto, las autoridades bahreiníes no han tardado en recomendar a los habitantes de Hid, Arad, Galali y Samahij que se queden en casa y mantengan cerradas ventanas y conductos. ¿La razón? Protegerse del humo generado por los incendios que aún están siendo controlados. Una medida prudente ante el caos que se avecina.
El eco internacional de la violencia
Bahréin no está solo en esta crisis; junto a Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Jordania también están bajo la sombra de estos ataques. Por ello, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha dado un paso al frente al aprobar una resolución impulsada por el Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (GCC), condenando estas acciones iraníes y exigiendo su cese inmediato.
Este texto fue respaldado por trece votos a favor y solo China y Rusia optaron por abstenerse. En él se denuncia lo ocurrido como una clara violación del Derecho Internacional y un serio riesgo para la paz mundial. El embajador bahreiní ante la ONU, Yamal Alrowaiei, expresó su profundo pesar por los “injustos” ataques recientes que han puesto en peligro vidas civiles al atacar infraestructuras residenciales. Las imágenes son desgarradoras: familias inocentes atrapadas entre las llamas y escombros.
A medida que la situación evoluciona día a día, no podemos evitar preguntarnos hasta dónde llegará esta espiral destructiva y cómo afectará a nuestra región. La comunidad internacional debe actuar antes de que sea demasiado tarde.

