En un día marcado por la incertidumbre y el miedo, Bahréin ha vuelto a ser escenario de un violento ataque. Al menos tres personas han resultado heridas debido a un asalto con drones lanzados desde Irán, que se han dirigido directamente a infraestructuras civiles, incluyendo una planta desalinizadora crucial para la región.
El Ministerio del Interior de Bahréin no se ha cortado al describir la situación en redes sociales: «Como resultado de esta flagrante agresión iraní, hemos tenido heridos y daños materiales significativos». Y es que no solo han caído fragmentos de misiles en Muharraq, sino también sobre edificios universitarios. La población ha sido advertida; las sirenas resonaban por las calles mientras se instaba a todos a buscar refugio inmediato. «Se pide a los ciudadanos y residentes que mantengan la calma y busquen el lugar seguro más cercano», afirmaron con urgencia.
Un conflicto creciente
A pesar de que el presidente iraní, Masud Pezeshkian, había prometido suspender los bombardeos contra sus vecinos esa misma mañana, la realidad parece haber tomado otro rumbo. En Kuwait, ya se reporta la muerte de dos miembros del Ejército bajo circunstancias aún confusas. Por si fuera poco, los enfrentamientos entre EE.UU., Israel e Irán han dejado tras de sí más de mil vidas perdidas en territorio iraní.
Los ecos del conflicto son preocupantes. El ayatolá Alí Jamenei y varios altos mandos militares han caído en esta guerra sin cuartel que sigue azotando Oriente Próximo. Entre amenazas y promesas incumplidas, Trump advierte que hoy Irán recibirá «un golpe muy duro» mientras la tensión continúa creciendo en la región.

