Este sábado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha encendido la mecha al anunciar el inicio de «una gran operación de combate» junto a Israel. Su objetivo es claro: atacar las principales instituciones de Irán para eliminar lo que él llama la amenaza del régimen iraní y, en última instancia, derrocar a sus autoridades. En su discurso apasionado, Trump no se ha andado con rodeos. Ha exigido la rendición total del Ejército y la Policía iraníes, prometiendo incluso amnistía si depusieran las armas.
Un llamado a la acción
«Al pueblo iraní le digo que este es su momento», ha proclamado Trump, instando a los ciudadanos a levantarse contra el estamento clerical. «Tomad las riendas de vuestro destino», aseguró con fervor. Pero no solo eso; también lanzó advertencias contundentes a las fuerzas de seguridad. Les avisó que o se entregan o enfrentan una muerte segura.
Las primeras explosiones han resonado en Teherán, específicamente en el barrio Pasteur donde se encuentra la oficina del ayatolá Ali Jamenei. La agencia Fars reporta al menos siete misiles impactando en la zona sin mayores detalles hasta ahora. Mientras tanto, los medios israelíes han indicado que el ataque también ha afectado instalaciones clave como los ministerios de Defensa e Inteligencia y han lanzado ciberataques que dejaron fuera de servicio varias páginas oficiales.
A medida que esta situación se desarrolla, Israel ya ha declarado un estado de emergencia especial y activado alarmas por todo su territorio. Están preparados ante una posible respuesta iraní y advierten a su población para que se mantenga cerca de refugios antiaéreos.
Con todos estos movimientos estratégicos y tensiones creciendo entre ambos países, queda claro que esto no es solo un conflicto más; podría marcar un antes y un después en las relaciones internacionales.

