En un giro inesperado de los acontecimientos, Cuba se encuentra en el ojo del huracán tras la muerte de cuatro tripulantes de una embarcación estadounidense en sus aguas. El Ministerio de Exteriores cubano ha dado a conocer que la Administración Trump ha expresado su disposición a «cooperar» en el esclarecimiento de este trágico incidente. Así lo aseguró el viceministro Carlos Fernández de Cossío, quien comentó que las autoridades estadounidenses están listas para ayudar a desentrañar lo sucedido.
La Habana no se queda atrás y ya ha solicitado información sobre los diez integrantes del barco implicados. Al parecer, la embarcación portaba un arsenal impresionante: desde fusiles de asalto hasta cócteles molotov, pasando por chalecos antibalas y municiones. Además, las autoridades cubanas han revelado que encontraron monogramas vinculados a organizaciones contrarrevolucionarias con tintes terroristas. Todo esto nos lleva a pensar: ¿qué estaba ocurriendo realmente?
Agravamientos históricos y respuestas contundentes
El viceministro no dudó en recordar que este no es un hecho aislado. «Cuba ha sido víctima durante más de 60 años de agresiones y actos terroristas organizados desde territorio estadounidense», declaró con firmeza. De Cossío también añadió que Cuba ha compartido información sobre individuos sospechosos involucrados en actividades violentas contra la isla, incluyendo nombres y entidades buscadas por las autoridades cubanas.
No olvidemos que esta situación tiene antecedentes alarmantes: dos miembros del grupo fallecido estaban incluidos en esa lista negra. El Gobierno cubano aclaró que Rolando Azcorra Consuegra fue mencionado erróneamente como implicado, pero eso no resta gravedad al asunto.
Este episodio nos deja reflexionando sobre las intenciones detrás del acercamiento: la lancha proveniente de Florida se aproximó peligrosamente a aguas territoriales cubanas antes de abrir fuego ante una solicitud de identificación por parte de las Tropas Guardafronteras locales. La tensión entre estos dos países parece estar lejos de resolverse.

