El jefe de la oficina de UNICEF en Dnipró, Pablo de Pascual, no se anda con rodeos. Este jueves ha compartido una inquietante realidad: «Las consecuencias para los niños y niñas en Ucrania ya empiezan a emerger, y son muy graves». Tras más de cuatro años sumidos en el horror de la guerra, cerca de 800.000 menores están desplazados internamente, enfrentándose a una vulnerabilidad abrumadora.
Una situación que clama al cielo
En una conversación reciente con Europa Press, De Pascual expresó su preocupación por el impacto que esta guerra tiene en la vida cotidiana de los pequeños: «Están sufriendo mucho, tanto en su hogar como socialmente. El trauma que arrastran les afecta enormemente, y las carencias son palpables». La ayuda internacional se ha visto recortada drásticamente, lo que significa que muchos menores quedan al margen cuando más lo necesitan.
Es alarmante pensar que no solo las zonas cercanas al frente son las más afectadas; incluso ciudades como Kiev, donde el acceso a agua y calefacción se vuelve un lujo inalcanzable durante el invierno, sufren las consecuencias del conflicto. «La guerra no discrimina», recalca De Pascual, quien llama la atención sobre cómo esto se extiende a áreas más alejadas pero igualmente vulnerables.
UNICEF está trabajando intensamente en un proceso de adaptación para asegurar que aquellos que están más desprotegidos reciban apoyo esencial. Sin embargo, ante la falta de recursos provenientes principalmente de Estados Unidos, la situación es cada vez más crítica. «Hemos tenido que repriorizar nuestras acciones», explica De Pascual mientras enfatiza la necesidad urgente de mantener estos servicios vitales.
A medida que avanzamos hacia un invierno especialmente duro para la población civil, el sufrimiento infantil se intensifica. El desplazamiento afecta actualmente a 2,5 millones de niños dentro y fuera del país; una cifra alarmante que nos obliga a reflexionar sobre nuestra responsabilidad colectiva. Estos pequeños no solo enfrentan dificultades materiales; también viven con un peso emocional asfixiante.
De Pascual hace un llamamiento claro: es fundamental garantizar continuidad en el apoyo humanitario para salvaguardar sus derechos fundamentales a la educación y protección integral. Y no olvidemos los ataques rusos contra infraestructuras clave; esos actos agresivos destruyen no solo edificios sino también vidas enteras.
Ciertamente hay esperanza si conseguimos trabajar juntos para crear sistemas alternativos capaces de resistir estas embestidas. Pero recordemos siempre: detrás de cada estadística hay una historia humana desgarradora esperando ser contada.

