En una realidad que parece sacada de una pesadilla, cerca de 20 personas han perdido la vida en los últimos ataques aéreos lanzados por el Ejército de Birmania sobre el estado de Rajine. Entre las víctimas, se cuentan varios niños, lo que añade un dolor insoportable a una situación ya desgarradora. UNICEF ha alzado la voz, expresando su profunda alarma tras conocerse que cinco menores han muerto en esta escalofriante serie de bombardeos.
Un ataque sin piedad
Todo comenzó cuando uno de estos bombardeos alcanzó un mercado lleno de vida en Yoe Ngu, ubicado en Ponnagyun. Las llamas devoraron lo que quedaba mientras las autoridades locales alertaban sobre la presencia entre las víctimas de ancianos y niños. No son solo cifras: hablamos de vidas humanas, sueños truncados. Al menos 18 personas han fallecido y más de diez han quedado heridas por estas acciones del régimen militar que controla el país desde el golpe de Estado en febrero de 2021.
Entre los muertos hay un hombre septuagenario y varios adolescentes, incluyendo a una niña de tan solo seis años. Por si fuera poco, otras tres pequeñas han resultado heridas con edades entre cuatro y siete años. Los ecos del horror no cesan; otro menor habría sucumbido durante recientes ataques en la región de Sagaing.
La respuesta humanitaria no se ha hecho esperar. UNICEF ha manifestado su inquietud ante este escenario tan desolador: “Los niños y niñas vuelven a ser quienes más sufren con esta escalada violenta”. La organización también destaca cómo los ataques han devastado hogares y mercados donde familias desplazadas intentan reconstruir sus vidas.
A medida que avanza el conflicto armado, la situación sigue empeorando para los más vulnerables. “Estamos trabajando para atender las necesidades urgentes”, señalan desde UNICEF, haciendo un llamado claro a todas las partes implicadas: es hora de respetar el Derecho Internacional y proteger a quienes no pueden defenderse por sí mismos: los niños deben estar protegidos siempre.

