MADRID, 24 de febrero. En un giro inquietante de los acontecimientos, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha lanzado este martes una grave advertencia: los gasoductos Turkish Stream y Blue Stream, que llevan gas desde Rusia hasta Turquía, podrían estar en la mira de posibles sabotajes. Y no es casualidad que esta noticia resuene tras las explosiones que devastaron varios tramos de los Nord Stream en septiembre del año pasado.
Putin ha declarado que tienen indicios sobre la intención de atacar estas instalaciones submarinas en el mar Negro. ¿El objetivo? Hacer fracasar cualquier intento de negociación pacífica con Ucrania. Con una voz firme, afirmó: “No pueden calmarse, están desesperados por destruir este proceso pacífico”. En su discurso ante la junta directiva del Servicio Federal de Seguridad (FSB), dejó claro que sus adversarios están dispuestos a hacer todo lo posible para socavar los avances logrados en las conversaciones.
Un enemigo persistente
La tensión se siente en el aire. Putin señaló que los enemigos de Rusia continúan buscando su derrota y se arriesgan a llegar a límites insostenibles. Como él mismo dijo: “Lo desean con todas sus fuerzas, no saben vivir sin ello”. Este año ha visto un aumento notable en lo que él llama ataques “terroristas”, muchos atribuidos a servicios de inteligencia ucranianos y agentes extranjeros.
A pesar de no haber logrado una victoria estratégica en el campo de batalla, parece que la estrategia del enemigo se ha vuelto más sutil: apuestan por el terrorismo individual y masivo. La retórica se intensifica y nos deja preguntando qué podría suceder a continuación.

