La situación en Europa se complica una vez más, y todo gracias a la actitud del gobierno húngaro. Viktor Orbán ha decidido que no va a mover un dedo en favor de Ucrania mientras siga su «chantaje» energético. Así lo ha reconocido Kaja Kallas, la Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, quien ha admitido que hoy, lunes, no hay esperanzas de aprobar el vigésimo paquete de sanciones contra Rusia.
El chantaje húngaro y sus consecuencias
Antes de la reunión de ministros de Exteriores en Bruselas, Kallas fue clara: “Hoy habrá un debate sobre el paquete, pero como todos sabemos, no creo que avancemos”. En este mar de palabras diplomáticas también dejó claro que los problemas entre Hungría y Ucrania son cuestiones aparte. “No hay razón para mezclar temas que no tienen conexión”, enfatizó.
Kallas está intentando convencer a quienes bloquean las sanciones. A pesar de ello, tras escuchar las declaraciones contundentes del ministro húngaro Péter Szijjártó, parece que el panorama es desalentador. “Escuchemos primero las razones para bloquearlo y luego veamos si podemos superarlas”, comentó con resignación.
Y es que mientras tanto, Budapest está usando su veto como arma: hasta que Ucrania no reanude el transporte de petróleo hacia Hungría y Eslovaquia por el oleoducto Druzhba, no se permitirá avanzar en decisiones cruciales para Kiev. Es un juego arriesgado en medio de la guerra.
A medida que esta crisis se desarrolla, Kallas también subrayó la necesidad urgente de presionar a Rusia para conseguir concesiones en las conversaciones de paz. “La presión debe recaer sobre los agresores”, dijo enfáticamente. Y aunque hay discusiones tripartitas entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos, parece haber poco optimismo sobre su éxito debido a la falta de seriedad por parte rusa.

