En un giro inesperado y lleno de tensión, el Gobierno iraní ha decidido dar un paso firme. Desde Teherán, se ha declarado a las fuerzas navales y aéreas de todos los países miembros de la Unión Europea como «terroristas». Esto no es solo una declaración al aire; es una respuesta directa a la decisión de la UE de designar a la Guardia Revolucionaria iraní como organización terrorista. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní no se ha andado con rodeos. En un comunicado claro y contundente, han afirmado que están aplicando el principio de reciprocidad establecido en su Ley de Acción Recíproca. Esto significa que cualquier país que apoye la decisión estadounidense contra Irán también se verá afectado. Así lo han expresado: «todos los países que sigan o apoyen esta decisión estarán sujetos a acción recíproca».
Un juego peligroso
Esta situación tiene raíces profundas. Recordemos que ya en 2019, Estados Unidos dio el primer golpe al considerar a la Guardia Revolucionaria como una organización terrorista, y ahora Irán reacciona identificando a las fuerzas navales, aéreas y terrestres europeas como parte del problema.
La implicación es clara: esta designación traerá consigo medidas restrictivas según el régimen de sanciones antiterroristas europeo. Esto incluye desde la congelación de activos financieros hasta restricciones severas para operar dentro del territorio europeo.
Mientras tanto, vemos cómo las tensiones entre estas potencias siguen aumentando, dejando entrever un futuro incierto para las relaciones internacionales. ¿Estamos realmente preparados para enfrentar lo que viene? Es hora de abrir los ojos ante este panorama tan complicado.

