En Madrid, a 20 de febrero, la noticia se hace eco de las palabras del presidente estadounidense, Donald Trump. Este viernes, en una jornada marcada por el aumento de tropas norteamericanas en Oriente Próximo —con los portaaviones ‘Abraham Lincoln’ y ‘Gerald Ford’ al frente—, el mandatario dejó claro que la opción de un ataque militar contra Irán está sobre la mesa.
Antes de compartir un desayuno con los gobernadores republicanos, Trump habló brevemente con la prensa. Cuando se le preguntó si estaba considerando llevar a cabo un ataque limitado, su respuesta fue ambigua: «Lo más que puedo decir es que me lo estoy pensando. Supongo que me lo estoy pensando». Un comentario que deja mucho a la interpretación y nos lleva a preguntarnos: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar?
Tensiones y oportunidades perdidas
A lo largo de esta semana, las conversaciones nucleares indirectas entre Washington y Teherán han tomado protagonismo. Trump mencionó un plazo de diez días para «aclarar» la situación en Irán, insistiendo en que es crucial para el país persa buscar un acuerdo significativo que evite «cosas malas». En sus propias palabras: «Ahora es el momento para que Irán se una a nosotros en un camino constructivo; si se unen, será fantástico. Si no lo hacen, también estará bien, pero el rumbo será muy diferente».
Las amenazas constantes sobre la estabilidad regional siguen pendiendo como una espada de Damocles. Mientras tanto, los contactos indirectos entre ambas naciones continúan en lugares como Omán y Suiza. La cuestión es: ¿realmente están escuchando ambos lados o solo están jugando al gato y al ratón?

