En un giro más de la cruda historia política de Irán, el exviceministro del Interior, Mostafá Tajzadé, ha sido sentenciado a un año y dos meses de prisión. Esta condena llega tras su participación en el gobierno reformista de Mohamad Jatami entre 1997 y 2005 y se basa en su abierta oposición al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. La noticia nos estremece: una vez más, el poder intenta silenciar a quienes se atreven a levantar la voz.
Un ciclo de represión constante
La sentencia fue dictada durante una audiencia en un tribunal de Teherán y es solo el último capítulo en la amarga saga judicial de Tajzadé. Este político no es ajeno a las rejas; ya había recibido condenas previas: cinco años en julio de 2025 por cargos similares y un año más en diciembre del mismo año por “propaganda” contra el Estado. En total, se le acumulan años que parecen un eterno retorno a la opresión.
Aquellos que conocen su trayectoria saben que Tajzadé ha estado en el ojo del huracán desde hace años. Recordemos cómo fue detenido en 2009 durante las protestas contra los resultados electorales que llevaron a Mahmud Ahmadineyad a un segundo mandato, marcado por denuncias claras de fraude. La represión nunca cesa; cinco años eran ejecutorios según una ley cruelmente diseñada para mantener a raya cualquier disidencia.
No podemos ignorar cómo este tipo de juicios son parte del tejido social iraní actual. ¿Hasta cuándo seguirán tirando a la basura los derechos humanos? ¿Cuántas voces más deben ser acalladas antes de que alguien decida poner fin a esta locura? La comunidad internacional observa mientras personas como Tajzadé enfrentan penas desproporcionadas simplemente por ejercer su derecho fundamental a expresar sus opiniones.

