En una jugada que deja a muchos perplejos, los servicios de Inteligencia del Reino Unido han encendido las alarmas al afirmar que Rusia está dando pasos decisivos para otorgar unas extensas competencias al Servicio Federal de Seguridad (FSB) sobre las redes de comunicación del país. Esto surge en el marco de un proyecto de ley que permitiría a este organismo bloquear cualquier comunicación si consideran que hay una “amenaza a la seguridad”.
La Duma, ese órgano legislativo que tan bien conocemos por sus decisiones controvertidas, aprobó el 27 de enero unas enmiendas respaldadas por el Gobierno. Estas permitirían al FSB cerrar tanto Internet móvil como fijo, y suspender ‘cualquier otro medio de comunicación’ ante esas vagas amenazas que tanto gustan a los poderosos. ¿No es preocupante?
Aumento del control estatal
Este proyecto obligaría a los operadores telefónicos a actuar sin dudarlo: suspenden los servicios en cuanto reciben una orden del FSB, ¡y adiós consecuencias financieras! Así es como se protegen ellos y se silencian voces. La ley rusa define ‘servicios de comunicaciones’ como cualquier cosa desde voz hasta datos transmitidos por fibra óptica o sistemas electromagnéticos. ¿Te imaginas? Esto le daría al FSB un control sin precedentes.
Pero esto no es solo una cuestión interna; también refleja un endurecimiento generalizado en el control de la información en Rusia. Desde la invasión a Ucrania en 2022, hemos visto cómo el Estado ha intensificado su vigilancia y control sobre lo que se dice y escucha. Además, este movimiento coincide con la creciente exportación de tecnologías para censurar y cerrar redes fuera del país.
Diversos estudios apuntan que Rusia ha colaborado con Irán para desarrollar sistemas avanzados de control de Internet, capaces incluso de rastrear organizadores de protestas en tiempo real. Sin duda, estamos ante un panorama sombrío donde las libertades están cada vez más amenazadas.

