En un giro que muchos no esperaban, la Comisión de Supervisión del Congreso de EEUU ha decidido no dar voz a los Clinton en una audiencia pública sobre el escándalo Epstein. En lugar de eso, se llevarán a cabo dos testimonios a puerta cerrada, cuyos detalles serán revelados más adelante. James Comer, presidente republicano de la comisión, ha dejado claro que prefiere evitar que esto se convierta en un verdadero espectáculo mediático.
El pulso entre Hillary y Comer
La exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, no tardó en reaccionar ante esta decisión. Desde sus redes sociales lanzó un reto directo: “Si quiere pelea, congresista Comer, tengámosla en público”. Para ella, la transparencia debería ser lo primordial y aseguró que “no hay nada más transparente que una audiencia en público con las cámaras encendidas”. Pero Comer parece tener otra opinión; para él, lo importante son las víctimas y no convertir esto en un circo.
Y es que este asunto toca fibras sensibles. El caso Epstein tiene ramificaciones profundas y complicadas. Se sabe que Epstein visitó la Casa Blanca hasta 17 veces durante la presidencia de Bill Clinton y voló en su avión privado unas 27 ocasiones. No es ningún secreto que estas conexiones han levantado muchas cejas. Aún así, el representante republicano insiste en que su estrategia es adecuada y asegura: “Su declaración será publicada completamente; así que su deseo se va a cumplir con fotos, vídeos y transcripciones”.
A medida que se acerca la fecha del testimonio—Hillary está citada para el 26 de febrero y Bill para el 27—las tensiones aumentan. Una portavoz de la comisión recordó también cómo quedó claro desde el principio que sería a puerta cerrada: “Pero los Clinton están haciendo ‘el Clinton’ e intentan distorsionar los hechos porque nadie se traga sus declaraciones”, dijo. La pregunta es: ¿realmente veremos algún cambio o solo más ruido?

