En un gesto que deja mucho que desear, las autoridades turcas han bloqueado el paso de un convoy de 25 camiones que partió de Diyarbakir, en el sureste del país, con destino a Kobane, una ciudad siria que lleva tiempo sufriendo. Este envío no era cualquier cosa; estaba cargado con agua potable, pañales, leche y alimentos para bebés, además de productos de higiene femenina y mantas. ¿Y todo para qué? Para aliviar la situación de sus habitantes, en su mayoría kurdos.
Un grito de ayuda ignorado
Cengiz Tanrikulu, activista comprometido con la causa humanitaria, ha hecho eco del clamor por abrir temporalmente el paso fronterizo de Mürsitpinar. “No permiten el paso del envío”, lamentó en un comunicado. Es increíble cómo hay quienes tienen el poder de facilitar o entorpecer la llegada de ayuda vital. Esto no es solo un problema logístico; se trata de vidas humanas.
Y como si eso no fuera suficiente drama, hace poco 16 miembros de otra iniciativa conocida como Caravana Popular a Kobane fueron detenidos por la Policía turca al intentar cruzar desde Grecia hacia Siria. Estos activistas europeos solo buscaban llevar apoyo a quienes más lo necesitan. En total eran más de 200 personas provenientes de diez países diferentes.
Kobane se encuentra acorralada por las Fuerzas Armadas sirias y milicias aliadas, mientras se libra una ofensiva militar contra las Fuerzas Democráticas Sirias que controlan esta región del noreste del país. Y aunque recientemente se anunció un acuerdo político sobre un nuevo alto el fuego entre los bandos enfrentados, ¿qué significa eso realmente para quienes están en el terreno?

