El pasado sábado, Donald Trump dejó claro que su administración no tiene intención de intervenir en las ciudades gobernadas por el Partido Demócrata, a menos que estas lo soliciten. En un mensaje directo a través de sus redes sociales, aseguró que ha instruido a la secretaria de Seguridad Interior, Kristi Noem, para que mantenga las manos fuera de estas localidades mal gestionadas.
Sin embargo, no dudó en lanzar una advertencia. Anunció que los edificios federales estarán protegidos con todos los recursos disponibles ante lo que él llama «agitadores» y «lunáticos bien pagados». Su tono no es nada sutil cuando dice: «No permitiré que escupan a nuestros agentes ni que causen daños». Para él, la defensa de estas propiedades es crucial y señala claramente: «Si lo hacen, sufrirán consecuencias».
Una llamada a la responsabilidad local
Trump también se dirigió a las autoridades locales y estatales recordándoles su deber de proteger los edificios federales. Hizo mención a un caso específico en Eugene, Oregón, donde según él «los criminales irrumpieron en un edificio federal sin que la Policía hiciera nada». La frustración es palpable; quiere asegurarse de que tales incidentes no se repitan.
“Si los alcaldes y gobernadores no pueden controlar la situación”, continuó Trump, “nuestra intervención será rápida y eficiente”. Y así como quien lanza una pelota al aire, dejó caer otro punto: antes de pedir ayuda deben recordar utilizar la palabra mágica “por favor”. En su mente hay un enfoque claro sobre cómo debería ser el orden en Estados Unidos; eso es lo que prometió durante su campaña y lo reafirma constantemente. Su visión del país parece más divisiva cada día; ¿será posible encontrar un camino hacia la unidad?

