En Berlín, el 29 de enero, se vivió un momento tenso en el Bundestag. El canciller alemán, Friedrich Merz, no se quedó callado ante las duras palabras del presidente estadounidense, Donald Trump. Este último había cuestionado el despliegue europeo en Afganistán, y Merz, con una clara determinación, salió al paso: «No permitiremos que esta misión, que también llevamos a cabo para nuestros aliados en Estados Unidos, sea menospreciada». Un grito de defensa por su país y su historia.
El sacrificio no se olvida
Mientras hablaba ante sus colegas, Merz recordó el sacrificio de los soldados alemanes. «Su servicio ha sido y sigue siendo invaluable», afirmó con firmeza. No era solo una cuestión política; era una cuestión de honor. Con la voz entrecortada por la emoción, mencionó a los 59 efectivos germanos que perdieron la vida en esta misión que buscaba traer estabilidad y paz a un país desgarrado por la guerra.
Las críticas de Trump fueron directas: aseguró que las tropas de la OTAN estaban «un poco en la retaguardia» durante la invasión inicial. Pero estas palabras no pasaron desapercibidas. El primer ministro británico, Keir Starmer, defendió a sus aliados tachando las declaraciones como «insultantes», mientras que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, expresaba su asombro al recordar los 53 militares italianos muertos. Es un recordatorio crudo de lo que realmente está en juego cuando hablamos de conflictos internacionales.
Aquella mañana en Berlín resonó un eco profundo: lo ocurrido en 2001 llevó a activar por primera vez el Artículo 5 de la OTAN tras los atentados del 11-S. Un pacto sagrado entre aliados que ahora algunos parecen olvidar. Y así, entre recuerdos y reivindicaciones, Merz dejó claro que nadie puede tirar a la basura años de esfuerzo y sacrificio.

