En un giro que no sorprende a nadie, los ministros de Exteriores de la Unión Europea han decidido dar un paso más en su lucha contra la brutalidad del régimen iraní. Este jueves, en Bruselas, se ha aprobado un nuevo paquete de sanciones que busca responder a la salvaje represión desatada por el gobierno de Teherán contra los manifestantes, una situación que ha llevado a miles de personas a perder la vida en las últimas semanas. La indignación es palpable y se siente en cada rincón del continente.
Entre las medidas acordadas, se incluyen sanciones adicionales dirigidas a figuras del régimen iraní que han violado derechos humanos. Además, la Comisión Europea ha impulsado restricciones para dificultar el acceso de Irán a componentes esenciales para fabricar drones y misiles. ¿La razón? Se argumenta que esto limitará aún más su capacidad para seguir alimentando la agresión rusa en Ucrania. Es un mensaje claro: no vamos a permitir que continúen con sus atrocidades.
Una decisión esperada pero necesaria
Lo curioso es que, aunque ya está sobre la mesa, aún no se ha discutido durante esta reunión la designación de la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista. Sin embargo, este tema será abordado más tarde, tras una comida con Volker Turk, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. La Alta Representante para Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, ha manifestado sus esperanzas de que los Veintisiete acuerden finalmente incluirla en esa lista negra. Para ella y muchos otros, sería una manera contundente de decirle al régimen: si reprimes al pueblo, hay consecuencias.
Todo esto ocurre después de que países como Francia y España hayan cambiado su postura inicial y ahora apoyen esta medida. Lo cierto es que estamos ante una oportunidad histórica; todos los ojos están puestos en cómo reaccionará Irán ante estas decisiones europeas. En definitiva, queda claro que cuando hablamos de justicia y derechos humanos, Europa no está dispuesta a tirar todo por la borda.

