En una jugada que ha dejado a muchos rascándose la cabeza, el Kremlin ha calificado de «extremadamente imprudente» la reciente decisión de la Unión Europea de poner fin a las importaciones de gas ruso para 2027. El portavoz del gobierno ruso, Dimitri Peskov, no se ha cortado un pelo al afirmar que este movimiento es un claro golpe a los intereses económicos de los países miembros. Y, siendo sinceros, ¿quién puede negar que hay algo de verdad en ello?
Un reglamento con muchas aristas
Aprobado por mayoría y con el rechazo visible de Hungría y Eslovaquia, este reglamento prohíbe el gas natural licuado (GNL) ruso desde principios del próximo año y los suministros por gasoducto a partir del otoño de 2027. Mientras tanto, se establecerán periodos de transición para que las empresas se adapten sin que esto les cueste una fortuna. Pero aquí viene lo jugoso: si alguien decide ignorar estas nuevas normas, podría enfrentar multas que empiezan en 2,5 millones de euros para individuos y alcanzan hasta 40 millones para empresas. ¡Menuda forma de hacer amigos!
Apenas unas horas tras la aprobación, Eslovaquia y Hungría ya han anunciado su intención de llevar esta medida ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Se hace evidente que no todos están contentos con esta estrategia impulsada por el plan REPowerEU, diseñado para acabar con nuestra dependencia del gas ruso antes del 2030. Pero aquí nos encontramos: ¿será realmente beneficioso o estamos jugando a tirarnos piedras en nuestro propio tejado?

