Las autoridades de la Franja de Gaza, bajo el control del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), han vuelto a encender las alarmas. En tan solo 24 horas, tres personas han perdido la vida y ocho más han resultado heridas por los ataques israelíes, todo esto mientras se supone que hay un alto el fuego en vigor desde el 10 de octubre. La situación es insostenible.
Desde que entró en acción este cese al fuego, se ha confirmado la muerte de 484 personas y más de 1.321 heridos. Los equipos de búsqueda y rescate han encontrado 713 cuerpos en áreas donde las tropas israelíes se habían replegado. Pero lo que realmente preocupa es que las cifras podrían ser mucho peores; hay muchas víctimas atrapadas entre los escombros y tiradas en calles inaccesibles para ambulancias y servicios de emergencia.
Aún no acaba la pesadilla
No podemos olvidar que estos números no incluyen los incidentes recientes, como el bombardeo de un edificio en Rimal durante este domingo. Además, según fuentes locales citadas por el diario ‘Filastín’, se están llevando a cabo operaciones masivas de demolición en Jan Yunís y bombardeos intensos en Deir al Balá. Es difícil digerir cómo Hamás acusa a Israel de romper el alto el fuego repetidamente, mientras las autoridades israelíes defienden sus acciones diciendo que actúan contra ‘terroristas’ que amenazan a sus tropas.
En medio de todo esto, hay una pregunta clave: ¿hasta cuándo seguirá esta espiral violenta? Un sentimiento generalizado entre quienes observan esta situación es que estamos ante un monocultivo turístico, donde la vida humana parece no tener valor alguno frente a intereses políticos y estratégicos. Este ciclo trágico necesita cambiar; todos merecemos vivir sin miedo.

