En un rincón olvidado del océano Pacífico, la tragedia vuelve a golpear con fuerza. El 23 de enero, el Ejército de Estados Unidos llevó a cabo un ataque brutal contra una embarcación, cobrando la vida de dos personas y dejando a un superviviente a la deriva, luchando por su existencia en medio del mar. Este ataque es el primero desde la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, por las fuerzas estadounidenses.
Un ataque con sombras de narcotráfico
Según ha declarado el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en sus redes sociales, bajo la dirección del secretario de Guerra, Pete Hegseth, se ejecutó lo que ellos llaman un «ataque cinético letal». Pero detrás de esas frías palabras se esconden vidas perdidas y una comunidad que clama por justicia. Los militares aseguran que esta embarcación estaba involucrada en operaciones relacionadas con el narcotráfico y navegaba por rutas bien conocidas para estas actividades oscuras.
La Guardia Costera estadounidense ya ha recibido órdenes para buscar al único sobreviviente que quedó flotando en medio del caos. Es desgarrador pensar cómo este tipo de ataques han dejado más de 100 víctimas mortales a lo largo de más de treinta operaciones militares entre el Caribe y el Pacífico oriental. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo testigos silenciosos ante estas agresiones?

