La ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) ha lanzado una advertencia que no podemos ignorar: los ataques contra la atención médica han alcanzado cifras desorbitadas en medio de los conflictos armados. En un contexto donde el Derecho Internacional Humanitario debería ser nuestra brújula, parece que las partes en conflicto se están olvidando de sus obligaciones. A tan solo unos meses de conmemorar el décimo aniversario de una resolución crucial del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la protección del personal médico, la situación se presenta más sombría que nunca.
Un informe desgarrador
En su último informe titulado ‘La atención médica en el punto de mira’, MSF revela datos escalofriantes: en 2025, se registraron 1.348 ataques a instalaciones médicas, lo que provocó 1.981 muertes. ¡Más del doble que el año anterior! Sudán lidera esta lista macabra, con más de 1.600 víctimas entre médicos, trabajadores humanitarios y pacientes. Y no podemos cerrar los ojos ante Birmania, Palestina o Siria; todos sufriendo una violencia inhumana que ha destruido infraestructuras vitales y dejado a miles sin acceso a tratamientos necesarios.
Lo más impactante es cómo ha cambiado la narrativa por parte de los beligerantes. Antes hablaban de “errores” y ahora mencionan una supuesta “pérdida de protección”. Erik Laan, un experto en incidencia política de MSF, nos recuerda que esto evidencia una peligrosa priorización militar sobre la obligación moral y legal de proteger a civiles inocentes.
A medida que avanzamos hacia este aniversario significativo, no podemos permitirnos olvidar las lecciones aprendidas tras el bombardeo devastador contra un hospital de MSF en Afganistán en 2015. Aunque se emitió una resolución esperanzadora para acabar con la impunidad, hoy vemos que esas palabras se han quedado vacías mientras los ataques continúan sucediendo sin piedad.
Como comunidad global, es fundamental exigir rendición de cuentas y garantizar mecanismos claros para proteger nuestros servicios médicos. No podemos quedarnos callados mientras esta cultura de impunidad sigue arraigada en el corazón mismo del conflicto bélico.

