En Madrid, el 13 de enero, el Ejército israelí ha dejado claro que está en guardia ante lo que podría surgir de las recientes protestas en Irán. Lo que sucede al otro lado del mar Caspio se describe como un asunto interno, pero no sin acusaciones hacia Estados Unidos e Israel por supuestamente avivar los disturbios. El portavoz del Ejército, Effie Defrin, compartió a través de redes sociales que «las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) están preparadas y en alerta para cualquier escenario inesperado».
La tensión aumenta entre diplomacia y conflictos
Defrin también pidió a la ciudadanía que evite dejarse llevar por rumores sobre la situación en Irán, recordando que están evaluando continuamente el entorno. Mientras tanto, la tensión se incrementa con las amenazas de Estados Unidos sobre una posible intervención militar si la represión sigue su curso. Teherán no se queda atrás y advierte que responderá si Washington decide atacar.
Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, insistió en que «la diplomacia es siempre la primera opción» para el presidente Donald Trump, aunque no descartó ninguna medida drástica, incluyendo bombardeos. Por su parte, Abbas Araqchi, ministro de Exteriores iraní, aseguró que aunque su país no busca guerra, está listo para defenderse y apuesta por negociaciones justas con Estados Unidos.
A pesar de todo esto, las cifras son alarmantes: más de 600 muertos según HRANA durante estas movilizaciones. ¿Cómo podemos ignorar esta realidad? En medio del miedo y las tensiones geopolíticas acumuladas desde junio pasado—cuando Israel lanzó una ofensiva militar contra Irán—el ambiente sigue cargado de incertidumbre.

