En un domingo que debería haber estado marcado por la calma, las Fuerzas Armadas israelíes decidieron ignorar el alto el fuego que se instauró en noviembre de 2024 y lanzaron al menos 25 ataques en siete municipios del sur de Líbano. Aunque hasta ahora no se ha reportado ninguna víctima mortal, la tensión sigue creciendo y las comunidades están cada vez más alarmadas.
Antes de uno de estos bombardeos, el propio Ejército israelí emitió una orden de evacuación en Kefar Hatta, una zona residencial situada en el distrito de Sidón. Los residentes apenas tuvieron tiempo para reaccionar antes de que dos bombas cayeran sobre la infraestructura vinculada al partido-milicia chií Hezbolá. Según informa el diario libanés L’Orient-Le Jour, solo una persona resultó herida levemente, pero eso no quita la preocupación generalizada por lo que podría suceder a continuación.
Un ciclo sin fin de violencia
A pesar del alto al fuego acordado, Israel justifica sus acciones alegando que persigue actividades del grupo Hezbolá y asegura que su intervención no infringe el pacto. Sin embargo, tanto Beirut como los líderes chiíes han condenado firmemente estos actos, con Naciones Unidas sumándose a las críticas. El acuerdo estipulaba la retirada mutua de fuerzas del sur de Líbano, pero Israel ha mantenido cinco puestos en este territorio vecino, algo que ha generado indignación entre las autoridades libanesas y los propios habitantes.
Las primeras explosiones resonaron en Mahmudiyé y Wadi Borghoz. Luego, aviones militares volvieron a atacar Mahmudiyé y otras localidades cercanas como Burj y Qatrani. La situación es insostenible: más de 600 personas viven en edificios que ya han sido blanco de ataques previos donde ni siquiera se respetan las vidas civiles.
La comunidad internacional observa con preocupación cómo este ciclo parece no tener fin mientras los ciudadanos siguen sufriendo las consecuencias directas.

