La semana pasada, Berlín vivió un episodio inquietante cuando unas 100.000 personas se quedaron sin electricidad debido a un sabotaje llevado a cabo por el grupo Vulkangruppe, también conocido como Grupo Volcán. En medio de esta crisis, el ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, no ha tardado en reaccionar. En una entrevista reveladora con ‘Bild’, anunció que el gobierno tomará medidas más contundentes para hacer frente al extremismo de izquierda. «Estamos contraatacando y no cederemos terreno», declaró Dobrindt con firmeza.
Un ataque que marca la pauta
Este acto vandálico, que incluyó un incendio en un puente vital para la infraestructura eléctrica, no es algo nuevo; forma parte de una serie de acciones climáticas que han ido escalando desde 2011. La respuesta del gobierno es clara: van a destinar más recursos a las fuerzas de seguridad y reforzar las leyes existentes. «La seguridad es nuestra prioridad absoluta», afirmó Dobrindt, quien también subrayó la importancia de no descuidar la lucha contra la extrema derecha.
Las autoridades están trabajando en incrementar el personal destinado a los servicios de inteligencia y mejorar las competencias digitales para investigar estos incidentes rápidamente. La Fiscalía Federal de Karlsruhe ya está al tanto del asunto y ha comenzado una investigación formal.
Además, el Bundestag está debatiendo sobre una reforma legal conocida como Ley Kritis, destinada a proteger infraestructuras críticas como las eléctricas o de telecomunicaciones. Esta propuesta obligaría a estas empresas a informar sobre cualquier incidente y preparar planes ante posibles riesgos futuros. También se exigirá una mayor protección de sus sistemas informáticos para prevenir ataques.
Dobrindt ha dejado claro que buscan establecer una segunda capa de protección frente a estos ataques cada vez más frecuentes. Desde la Asociación Alemana de Ciudades y Municipios se pide incluso crear una “reserva nacional para apagones”, con centrales eléctricas móviles listas para actuar en situaciones críticas.
Según estimaciones recientes, los daños anuales causados por actos extremistas podrían ascender a decenas de millones de euros. En este clima tenso e incierto, ¿hasta dónde llegará Alemania en su esfuerzo por protegerse?

