MADRID, 9 de enero. Esta mañana, en un movimiento que no ha pasado desapercibido, los guardacostas de Estados Unidos han tomado control del petrolero ‘Olina’ en aguas del Caribe. La razón detrás de esta incautación es clara: se sospecha que transportaba crudo venezolano, un petróleo bajo embargo. Así lo han confirmado la secretaria de Seguridad Interior, Kristi Noem, y el Mando Sur del Ejército estadounidense.
Este operativo se llevó a cabo por la Fuerza de Intervención Conjunta, que forma parte de la conocida operación Lanza del Sur. Y lo mejor es que todo transcurrió “sin incidente”, lo cual siempre es un alivio. En palabras oficiales, “la operación Lanza del Sur sigue firme en su misión de defender nuestra patria y poner fin a la actividad ilícita”. Pero más allá de las formalidades, ¿no resulta inquietante ver cómo se desarrolla este juego geopolítico?
Nueva incautación y una flota cada vez más vigilada
Lo curioso es que el ‘Olina’ no es un caso aislado; esta semana ya van tres petroleros vinculados a Venezuela que han caído en manos estadounidenses. Y para colmo, hay otros dos barcos interceptados apenas el miércoles pasado: uno navegaba por el Atlántico Norte y otro por el mar Caribe. ¡Menuda racha!
No podemos olvidar que el ‘Olina’ fue sancionado hace un año cuando aún llevaba el nombre de ‘Minerva M’, formando parte de esa sombra oscura llamada “flota en la sombra”. Barcos que navegan fuera de las normas internacionales como si nada pasara. Sin duda, esto plantea muchas preguntas sobre las tensiones entre países y cómo manejan sus recursos.

