La Casa Blanca ha hecho saltar todas las alarmas. Este martes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro que no se anda con rodeos cuando se trata de Groenlandia. Según un comunicado de la secretaria de Prensa, Karoline Leavitt, el uso del Ejército está sobre la mesa como una opción para hacerse con el control de este territorio tan deseado.
Pero eso no es todo. La mente del mandatario también contempla otras alternativas menos agresivas, como un pacto de libre asociación o incluso la compra directa de la isla. Sin embargo, hay quienes advierten que esta obsesión por Groenlandia no es más que una cuestión de “seguridad nacional”, algo que desde Dinamarca y Groenlandia han rechazado rotundamente.
Crecen las tensiones y las demandas diplomáticas
Los gobiernos danés y groenlandés ya han tomado cartas en el asunto. Vivian Motzfeldt, ministra de Exteriores de Groenlandia, junto a su colega danés Lars Lokke Rasmussen, han solicitado una reunión urgente con el secretario de Estado estadounidense para aclarar malentendidos y frenar esta escalada de tensiones. “Es momento de hablar”, dicen ellos; y tienen razón. No podemos permitir que estas amenazas queden en el aire.
Dicho esto, la realidad es que esta situación deja entrever un juego peligroso en el tablero internacional. Mientras Trump sigue insistiendo en sus planes, los aliados tradicionales se ven obligados a recordarles que Groenlandia no está en venta. Con cada declaración imprudente del presidente estadounidense, se hace más evidente que lo último que necesitamos son más conflictos innecesarios.

