En Teherán, la situación se ha vuelto crítica. Desde hace una semana, las calles resuenan con gritos de descontento. La gente, cansada de las políticas económicas del Gobierno, ha salido a protestar. Pero lo que comenzó como un reclamo por mejoras económicas rápidamente se transformó en una ola de manifestaciones a nivel nacional. Las redes sociales están llenas de testimonios sobre interrupciones en el acceso a internet, y los datos revelan que el tráfico ha caído un 35%, según Cloudflare.
El temor a la desconexión total
Las voces que alertan sobre una posible desconexión internacional son cada vez más fuertes. Este escenario nos recuerda tiempos pasados, como las protestas de 2009 o 2019, donde el gobierno tomó medidas drásticas para silenciar la disidencia cortando el acceso a internet casi por completo. Ahora, con consignas que piden incluso la vuelta de la monarquía derrocada en 1979, la tensión crece día tras día.
Un portavoz policial ha declarado con firmeza: «No vamos a permitir que esto se convierta en un levantamiento armado». Este mensaje refleja no solo su postura ante las manifestaciones pacíficas, sino también un claro temor a lo que podría desatarse si la situación sigue escalando. Mientras tanto, algunos medios cercanos a las autoridades apuntan hacia grupos externos como culpables de alentar disturbios y ataques contra edificios públicos.
La incertidumbre está latente y nosotros solo podemos mirar desde lejos cómo esta crisis se desarrolla en un país donde cada grito cuenta y cada conexión perdida pesa enormemente.

