El presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, ha tomado una decisión que está dando mucho de qué hablar: ha designado la Ciudad de la Paz como la nueva capital del país. Según él, este paso es parte de una “política de desarrollo equilibrado” y tiene que ver con la seguridad nacional. Pero, ¿qué significa realmente esto para los ciudadanos?
En un decreto firmado el 2 de enero, Obiang dejó claro que las autoridades deben actuar rápidamente para hacer realidad esta mudanza en el plazo de un año. Se trata, dice el documento, de descentralizar y descentrar las funciones estatales; en otras palabras, hay que evitar que todo se concentre en Malabo y Bata. Estas ciudades han crecido a pasos agigantados debido al flujo migratorio desde áreas rurales, lo que ha generado problemas serios: presión sobre servicios básicos, desigualdades crecientes y un tráfico insoportable.
Un cambio necesario pero polémico
Obiang advierte que si no se actúa ahora, el desequilibrio territorial solo va a aumentar. Es un argumento potente: acercar los servicios administrativos a más ciudadanos podría mejorar su calidad de vida. Sin embargo, también hay voces críticas que cuestionan si este plan realmente traerá esos beneficios o si simplemente es otro intento por parte del gobierno para afianzar su control.
Aparte del desarrollo socioeconómico, Obiang menciona preocupaciones sobre la paz y la seguridad. El país no ha estado exento de amenazas terroristas y situaciones inestables. Por eso, plantea que trasladar la capital a la Ciudad de la Paz es estratégico: su ubicación geográfica podría ofrecer mejores oportunidades para crear infraestructuras modernas y conectar con otras regiones.
Pese a toda esta retórica sobre modernización y bienestar social, muchos se preguntan si no estaremos ante otra maniobra más del presidente para mantenerse en el poder. La historia reciente nos recuerda que Guinea Ecuatorial ha vivido bajo un régimen autoritario desde hace décadas. Con más de 40 años al mando tras un golpe militar en 1979 contra su propio tío, las críticas hacia Obiang son constantes y muchas veces válidas.
A medida que avanzamos hacia este nuevo capítulo político con la Ciudad de la Paz como epicentro del poder estatal, queda claro que habrá mucho más en juego que solo cambiar edificios oficiales; estamos hablando del futuro social y económico de todo un país.

